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lunes, 9 de septiembre de 2013

CRÓNICAS RIDDICKULAS

Hola Tribu
Hoy quiero contaros una historia.

"Hace mucho tiempo los ejércitos humanos de los Templarios y de la Orden del León se unieron, y en las llanuras de Akkylannie combatieron a sus ancestrales habitantes; los Wolfen, una raza licántropa que poblaba estas tierras desde el inicio de los tiempos.

Fue una masacre. De ambos bandos, pocos pudieron contarlo. Los Wolfen perdieron la batalla y el derecho que poseían sobre sus tierras. Vencidos, comenzaron un largo exilio. Diezmados, sabían perfectamente que jamás volverían a reunir un ejército lo suficientemente poderoso como para vencer a la alianza de los Templarios y Leones. Pero nunca olvidaron...

Hoy es el día de la venganza.

Sin embargo, poco honor queda ya en una raza que ha decidido pactar con las fuerzas oscuras. Hoy el ejército de los Wolfen está formado casi en su totalidad por muertos vivientes. Si su tierra no es para ellos, no será para nadie.

Pero cuando llegaron al campo de batalla no encontraron Templarios, ni Leones... ni hombres.

Oímos, que tiempo atrás baronías de los reinos humanos se escindieron. Perseguidas, también descubrieron el mal. La maldad de los humanos se volvió contra ellos, y fueron exterminados en interminables guerras de hermanos contra hermanos, mientras investigaban artes oscuras que permanecían aletargadas. Desarrollaron durante siglos el arte de la nigromancia. Experimentaron con bestias creadas en laboratorios. Medio animales, medio máquinas; aberraciones descomunales plagaron los campos de batalla.

No se sabe exactamente cuando las aberraciones se volvieron en contra de sus creadores humanos y los aniquilaron.

Hoy, al llegar al campo de batalla, los Wolfen y No Muertos nos encontramos de frente con los adoradores de Dirz; así se hacen llamar las aberraciones.

Hoy no combatirá el bien contra el mal. Hoy, es el enfrentamiento del mal. Quizás siempre fue así, porque en una guerra no hay bien ni mal... sólo bestias que luchan entre si, que no han dejado lugar a la razón.

Yo, Haita, lidero a las huestes de Wolfens y No Muertos. Atisbo en el horizonte un rostro que se ríe. ¡No puede ser! Mi enemigo ancestral los lidera. El mismo general que me venció con la alianza Templaria-León, lidera a los Dirz. Después de tanto tiempo nos volvemos a encontrar.

Nos veremos en el campo de batalla."


En frente los Dirz.
Abajo los No Muertos y los Wolfen (mi ejército).

No muertos y Wolfen, izquierda.
Dirz, derecha.

Los Wolfen.
Depredadores Sangrientos, detrás.
Ánimas del Bosque, delante.

Los No Muertos.
Gárgolas y Esqueletos, detrás.
Vampiros y Paladines Negros, delante.

Dirz.
Skorizes, izquierda.
Ballesteros, colina.
Phemeras, delante.

Dirz.
Evos y Nemesis, detrás.
Aberraciones y Primes, delante.

Dirz.
Perros de Dirz, medio.

Mis Animas se adelantaron para lanzar sus púas, matando a un Nemesis y un Evo que intentaban cruzar el río para flanquearme

Pero mis Animas lo pagaron caro porque los Perros de Dirz cayeron del cielo sobre ellas como posesos y las aniquilaron. Mis Gárgolas dieron cuenta de lo que quedaba de los Perros. Y lo mismo hicieron los Evo con mis gárgolas.

Mientras, en el flanco izquierdo, los Ballesteros de Dirz lanzaron sus flechas sobre mis Esqueletos.

Gracias a la distancia que los separaba, sólo alcanzaron a dos.


No podía dejar mi infantería bajo las flechas enemigas. Así que ordené avanzar a mi infantería, que literalmente arrasó a los Phemera.

Una increíble nueva descarga de los 10 Ballesteros, provocó 9 muertos entre mis esqueletos.

Si me mezclaba entre los guerreros Dirz, los Ballesteros no podrían disparar, así que, debido a las numerosas bajas sufridas entre mi infantería de Esqueletos, ordené un cambio de rumbo atacando al centro del ejército Dirz. Fue el enfrentamiento de muchos pequeños contra pocos pero poderosos. Las bestias de Dirz mataban sin tregua a mis Esqueletos, pero siempre venían más. Los dos líderes Prime de los Dirz y todos los Nemesis sucumbieron. 

Mi infantería de Esqueletos, implacable, también aniquiló a las dos Aberraciones.

La batalla se decantaba a mi favor.

Pero una nueva descarga de los Ballesteros acabó con lo que quedaba de mi infantería y sólo dos llegaron a su posición... poco duraron.

 Toda mi infantería había sido sacrificada, y aún quedaban seis Ballesteros en pie...

 ...así que envié a mis vampiros a acabar con aquellos indeseables.

 Un cuerpo a cuerpo no apto para cardíacos...

...que sólo pudo contar un vampiro, que debía enfrentarse en solitario a una unidad completa de Skorizes. Pintaba mal.

Mientras, en el flanco derecho, mis Depredadores avanzaron hacia los Evos, asesinos de mis Gárgolas. Pero calcularon mal su carga y cayeron en una emboscada.

Uno de mis líderes y toda su unidad, en los que confiaba para defender este flanco, cayeron sin provocar ni una sola baja al enemigo.


Aunque la idea era que mi otro líder y su unidad de Paladines Negros acudiesen en auxilio del Vampiro aislado y acabasen con los Skorizes, tuve que mandarlos retroceder hasta el paso del río para evitar que los Evos atacasen por mi retaguardia. El Vampiro del flanco izquierdo, que esperaba la ayuda de la unidad de Paladines, se quedó sólo y murió a manos de los Skorizes.

Del encarnizado combate entre Evos y Paladines sólo sobrevivieron tres Paladines y mi líder. Era lo que quedaba de todo mi ejército. Cruzaron el campo de batalla, para intentar un milagro; acabar con la última unidad enemiga: los Skorizes.

En inferioridad numérica y sorprendidos en emboscada, no tuvieron ninguna oportunidad.

De nuevo había sido derrotado. No me lo podía creer. 











¡¡¡Ahí está!!!....
¡¡¡Escondido ahí en la esquina!!!
¡¡¡Mirad como se ríe!!!
Otra vez ÉL, "Jorge el Sonriente"

¡¡¡MECACHISENSUPADRE!!!
(¡Caramba, qué coincidencia!... Si soy yo)

Espero que os haya gustado.
Nos vemos en Cheyenne.